Agronoticias  

Fundación Cruzada Patagónica

Una escuela, una granja

Con veinte años de experiencia, la Fundación Cruzada Patagónica amplía su esfuerzo educativo instalando invernaderos en las escuelas rurales primarias.

Hace poco más de veinte años, un grupo de jóvenes porteños puso en marcha un proyecto que hoy es una realidad múltiple y esperanzadora. En Junín de los Andes, en Neuquén, crearon la Fundación Cruzada Patagónica para desarrollar el Centro Educativo Integral San Ignacio (CEI), una escuela que imparte enseñanza secundaria (ciclos EGB3 y polimodal) a adolescentes en su mayoría mapuches y provenientes de familias muy humildes.

No se trataba de un emprendimiento idealista, sino de la implementación de una ética basada en el lema Aprender a emprender. Porque la enseñanza que cada año reciben allí cientos de jóvenes de una región desolada y escasa en recursos los prepara para la vida real, con una fuerte orientación agrotécnica, consustanciada con las posibilidades de la región.

Tanto que si bien al principio muchos padres se resistían a enviar a sus hijos al CEI por las grandes distancias que debían atravesar y para no perder un par de brazos para el trabajo, hoy todos saben que esa educación les abre puertas al mercado de trabajo, a la capacitación con becas en los Estados Unidos y a una experiencia que podrán aprovechar en sus propias tierras.

Entre los responsables de este proyecto se cuenta Patricio Sutton, que dice con pudoroso orgullo que “la fundación no pretende haber descubierto el secreto del agua caliente, sino haber tenido la voluntad de trabajo, el empeño y la imaginación necesarios para hacer algo que todos admitimos como imprescindible, pero que pocos realizan”.

Este empeño solidario se ha aliado, en los últimos tiempos, con la Fundación Germán Sopeña para multiplicar sus alcances. Tal es el caso, por ejemplo, del plan Una escuela, una granja: en el oeste de la provincia, los docentes y alumnos del CEI colaboran en el desarrollo de huertos escolares. La idea es no sólo contribuir a mejorar la dieta de los chicos, sino también enseñarles a procurarse su propio alimento.

Con el mismo espíritu, la fundación envía docentes del CEI a las zonas más apartadas de la Patagonia para brindar educación primaria a los adultos. Y ha comenzado a trabajar con poblaciones rurales para desarrollar también huertas familiares.

Por otra parte, el CEI acaba de integrarse al Programa Globe: alumnos de la escuela hacen mediciones sobre calidades del agua y los suelos de la región. Los datos recogidos se vuelcan en la página web del programa y contribuyen a la salud ecológica del planeta.

El 27 del actual, mientras la comunidad mapuche se apresta a celebrar el Pewü (ceremonia vinculada con la llegada de la primavera), la fundación conmemorará los primeros veinte años del CEI, con una cena para recaudar fondos (ver recuadro).

No hace falta ser un visionario para comprender los alcances de esta obra ni la urgente necesidad de brindarle todo el apoyo posible, en un momento en que el país se debate en una de sus mayores crisis y no abundan, precisamente, ejemplos tan alentadores como éste.

Aníbal Piñeiro

Ä Artículo de La Nacion http://www.lanacion.com.ar/