EL "SOÑADOR"


María Auxiliadora


Casa de Don Bosco


Cocina de la casa


Cuarto de Don Bosco


Mamá Margarita


Don Bosco


Santo Domingo Savio
alumno de Don Bosco



El 14 de diciembre de 1875 llegan a la República Argentina y a la iglesia Mater Misericordiae, los diez primeros Salesianos enviados por Don Bosco desde Italia.

El Padre Juan Cagliero (luego Obispo y más tarde cardenal), el Padre Baccino y el coadjutor Belmonte se quedaron en la iglesia Mater Misericordiae. Los siete restantes siguieron viaje a San Nicolás de los Arroyos.

Así comenzó esta maravillosa historia de todos los que alguna vez tuvimos la fortuna de caminar por sus galerías, jugar en sus patios, escuchar misa o aprender en sus aulas.

Así comenzó. Con el sueño de un Santo. El "soñador" como lo llamaban sus compañeros del oratorio.

Con su inagotable energía, su entusiasmo y alegría, y con sus ganas de trabajar en una obra a la que se agregaron, y se agregan día a día, muchos otros.

Pero por sobre todo, con el amor y la permanente asistencia de la Santísima Virgen María Auxiliadora, puesto que, como dijo San Juan Bosco: "Todo fue obra de Ella, todo lo hizo María..."





El primer sueño. Año 1824.

Apenas contaba con nueve años -dice el mismo Don Bosco- cuando tuve un sueño que me quedó profundamente impreso durante toda mi vida.

Me pareció encontrarme cerca de mi casa, en un amplio patio ante un grupo de muchachos que se divertían. Unos reían, otros jugaban , y no pocos blasfemaban (decían insultos contra Dios y los santos). Esto me llevó a enojarme y me lancé con gritos y golpes para hacerlos callar.

En eso, apareció un hombre de figura majestuosa y magníficamente vestido. Un manto blanco lo cubría y su rostro resplandecía de tal manera que no se lo podía mirar a los ojos.

El me llamó por mi nombre, me ordenó ponerme a la cabeza de esos muchachos y me dijo: "No con los golpes sino con la mansedumbre y la caridad deberás ganar la amistad de estos chicos. Empieza de inmediato a enseñarles la fealdad del pecado y la belleza de la virtud".

Confundido y asustado respondí que yo era un pobre muchacho incapaz de hablar de religión a aquellos jovencitos. Entonces los muchachos dejaron de pelear y de blasfemar y se juntaron alrededor del personaje que hablaba. Yo, sin entender lo que me decía, pregunté:

- ¿Quién es Ud. que me ordena cosas imposibles?

- Precisamente porque te parecen imposibles, debes hacerlas posibles con la obediencia y con la adquisición de la ciencia.

- ¿Dónde y con qué medios podré adquirir la ciencia?

- Yo te daré la Maestra bajo cuya guía llegarás a ser sabio y con la cual toda ciencia es necedad.

- Pero, ¿quién es Ud. para que me hable de esa manera?

- Yo soy el Hijo de aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día.

- Mi madre me prohibió hablar con extraños sin su permiso, dígame su nombre.

- ¿Mi nombre? Pregúntaselo a mi Madre.

En ese momento vi junto a El a una Señora de aspecto majestuoso, vestida con un manto resplandeciente como si estuviera cubierto de estrellas. Dándose cuenta de que yo estaba cada vez más confuso, ella me pidió que me acercara y me tomó suavemente de la mano.

- Mira- me dijo.

Observé a mi alrededor y me di cuenta que todos aquellos muchachos habían desaparecido y en su lugar había cabritos, perros, gatos, osos y otros animales diversos.

- Este es tu campo de acción - me continuó diciendo. Y agregó :- Aquí deberás trabajar. Hazte humilde, fuerte y robusto y el cambio que vas a ver producirse entre estos animales tú deberás hacerlo en mis hijos.

Volví a mirar y en lugar de los animales feroces aparecieron otros tantos corderos llenos de dulzura que balaban y saltaban en todos los sentidos como para festejar a ese señor y a su madre.

Entonces, siempre en sueños, comencé a llorar y rogué a aquella Señora que me explicara el significado de todo aquello, pues yo nada comprendía.

Pero Ella, poniendo su mano sobre mi cabeza, me dijo: - A su tiempo todo lo comprenderás.

Dicho esto, un ruido me despertó y todo desapareció de mi vista.


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